
1) Para saber
Hay unas consideraciones, que algunos se la atribuyen a un sabio oriental llamado el sufí Bayazid, y que contienen gran dosis de sabiduría. Así lo relata: "De joven yo era un revolucionario y mi oración consistía en decir a Dios: "Señor, dame fuerzas para cambiar el mundo". A medida que fui haciéndome adulto y caí en la cuenta de que me había pasado media vida sin haber logrado cambiar una sola alma, transformé mi oración y comencé a decir: "Señor, dame la gracia de transformar a cuantos entran en contacto conmigo. Aunque sólo sea a mi familia y a mis amigos. Con esto me doy por satisfecho". Ahora, que soy un viejo y tengo los días contados, he empezado a comprender lo estúpido que he sido. Mi única oración es la siguiente: "Señor, dame la gracia de cambiarme a mí mismo". Si yo hubiera orado de este modo desde el principio, no habría malgastado mi vida".
Ciertamente, hay que empezar por cambiar uno mismo, si se quiere ayudar a los demás. Pero para lograr una conversión, se ha de tener en cuenta, que se necesita siempre la gracia de Dios para ello.
2) Para pensar
Se podría preguntar sobre cuál es la razón por la que el Papa Juan Pablo II insiste en la importancia de fundamentar todo en la oración, tanto en la oración personal como en la comunitaria. En su carta nos da la respuesta que hemos de tener siempre presente: significa respetar un principio esencial de la visión cristiana de la vida: la primacía de la gracia. Hay una tentación que insidia siempre todo camino espiritual y la acción pastoral misma: pensar que los resultados dependen de nuestra capacidad de hacer y programar "Al Comenzar el Nuevo Milenio" Efectivamente, existe siempre un peligro en el que podemos caer: no tomar en cuenta a Dios y creer que por nuestros propios méritos saldrán las cosas. Pero como nos dice a continuación el Papa: "Ciertamente, Dios nos pide una colaboración real a su gracia y, por tanto, nos invita a utilizar todos los recursos de nuestra inteligencia y capacidad operativa en nuestro servicio a la causa del Reino. Pero no se ha de olvidar que, sin Cristo, "no podemos hacer nada" El Papa nos recuerda aquel pasaje en donde los Apóstoles estuvieron tratando de pescar toda la noche sin lograr nada, y sólo cuando en la mañana Jesús los invita a pescar nuevamente es cuando se llenan las redes de peces. De modo similar, si "pescamos" por nuestra cuenta, nada lograremos, sólo cuando obedecemos a la Palabra de Dios, nuestras obras obtienen una gran "pesca". Pensemos si contamos con el Señor para todas actividades que emprendemos.
3) Para vivir
La oración nos hace recordar y vivir esta verdad fundamental: si nos apoyamos en el Señor, las cosas saldrán adelante. Sin Dios, no nos pueden sorprender los fracasos que vengan. Se entiende que bajo el aspecto espiritual, es decir, que si buscamos hacer la voluntad de Dios, el fruto espiritual siempre está asegurado que, a fin de cuentas, es el que cuenta pues perdurará hasta la vida eterna. El Papa desea que en este comienzo del milenio hagamos un renovado compromiso de oración. Es, pues, buen tiempo para hacer hoy un propósito al respecto: asignar un momento al día para dirigimos a Dios en oración. De esa manera estaremos dándole la primacía a la gracia en nuestra vida. Esa oración no sólo será para pedir, sino como lo subraya el Papa, también será de agradecimiento, de alabanza, de adoración, de escucha y afectos a Dios.
Hay unas consideraciones, que algunos se la atribuyen a un sabio oriental llamado el sufí Bayazid, y que contienen gran dosis de sabiduría. Así lo relata: "De joven yo era un revolucionario y mi oración consistía en decir a Dios: "Señor, dame fuerzas para cambiar el mundo". A medida que fui haciéndome adulto y caí en la cuenta de que me había pasado media vida sin haber logrado cambiar una sola alma, transformé mi oración y comencé a decir: "Señor, dame la gracia de transformar a cuantos entran en contacto conmigo. Aunque sólo sea a mi familia y a mis amigos. Con esto me doy por satisfecho". Ahora, que soy un viejo y tengo los días contados, he empezado a comprender lo estúpido que he sido. Mi única oración es la siguiente: "Señor, dame la gracia de cambiarme a mí mismo". Si yo hubiera orado de este modo desde el principio, no habría malgastado mi vida".
Ciertamente, hay que empezar por cambiar uno mismo, si se quiere ayudar a los demás. Pero para lograr una conversión, se ha de tener en cuenta, que se necesita siempre la gracia de Dios para ello.
2) Para pensar
Se podría preguntar sobre cuál es la razón por la que el Papa Juan Pablo II insiste en la importancia de fundamentar todo en la oración, tanto en la oración personal como en la comunitaria. En su carta nos da la respuesta que hemos de tener siempre presente: significa respetar un principio esencial de la visión cristiana de la vida: la primacía de la gracia. Hay una tentación que insidia siempre todo camino espiritual y la acción pastoral misma: pensar que los resultados dependen de nuestra capacidad de hacer y programar "Al Comenzar el Nuevo Milenio" Efectivamente, existe siempre un peligro en el que podemos caer: no tomar en cuenta a Dios y creer que por nuestros propios méritos saldrán las cosas. Pero como nos dice a continuación el Papa: "Ciertamente, Dios nos pide una colaboración real a su gracia y, por tanto, nos invita a utilizar todos los recursos de nuestra inteligencia y capacidad operativa en nuestro servicio a la causa del Reino. Pero no se ha de olvidar que, sin Cristo, "no podemos hacer nada" El Papa nos recuerda aquel pasaje en donde los Apóstoles estuvieron tratando de pescar toda la noche sin lograr nada, y sólo cuando en la mañana Jesús los invita a pescar nuevamente es cuando se llenan las redes de peces. De modo similar, si "pescamos" por nuestra cuenta, nada lograremos, sólo cuando obedecemos a la Palabra de Dios, nuestras obras obtienen una gran "pesca". Pensemos si contamos con el Señor para todas actividades que emprendemos.
3) Para vivir
La oración nos hace recordar y vivir esta verdad fundamental: si nos apoyamos en el Señor, las cosas saldrán adelante. Sin Dios, no nos pueden sorprender los fracasos que vengan. Se entiende que bajo el aspecto espiritual, es decir, que si buscamos hacer la voluntad de Dios, el fruto espiritual siempre está asegurado que, a fin de cuentas, es el que cuenta pues perdurará hasta la vida eterna. El Papa desea que en este comienzo del milenio hagamos un renovado compromiso de oración. Es, pues, buen tiempo para hacer hoy un propósito al respecto: asignar un momento al día para dirigimos a Dios en oración. De esa manera estaremos dándole la primacía a la gracia en nuestra vida. Esa oración no sólo será para pedir, sino como lo subraya el Papa, también será de agradecimiento, de alabanza, de adoración, de escucha y afectos a Dios.

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