jueves, 7 de agosto de 2008

DIFICULTADES


A veces la marcha es tan veloz que tienes la sensación de no ser tú quien camina y hasta puedes creer que ciertos hechos que te suceden tienen que ver con fuerzas superiores a las tuyas. Lo llamas destino, suerte, karma, voluntad divina y llegas aún a decir "la vida lo quiso así". 

Pero si observas bien descubrirás que eres tú quien crea el sendero por el que vas.

¿Acaso no te crees merecedor de tu suerte?

Escucha esta historia: Había una vez un marinero, empecinado en lustrar sus zapatos. Soñaba bajar a tierra con sus zapatos prolijos y brillantes. Estaba sentado en la cubierta de la barca. La barca navegaba por un océano inmenso bajo el cielo azul. En el cielo azul soplaba un viento suave y constante que inflaba las velas y en la cubierta el marinero soñaba bajar a tierra con sus zapatos brillantes. El timón se movía solo sin nadie que lo guiara por lo tanto cada golpe de corriente cada cambio de viento hacían que la barca girara hacia allí o allá sin rumbo definido.

Pero el marinero seguía lustrando sus zapatos soñando con el día del desembarco.

¿Ves buscador? La vida de tantos hombres se parece al soñar con ese momento glorioso en el cual pueden llegar a puerto con sus zapatos relucientes. Pero no toman el timón y por eso van a la deriva. Han confundido el sentido: para ellos valen tanto sus zapatos como la dirección de su barca.

Acéptalo de una vez tu destino tiene más que ver contigo que con el girar de los planetas. Puedes lamentarte de la dureza del momento que transitas pero ¿podrías aprender si no existieran los escollos las trampas y las dificultades y todo aquello que te empuja a superarte?

Si no existieran frenos en tu marcha los tendrías que inventar: es el fuego lo que templa el acero de tu espada no el candor de los jazmines.

Buscador si encuentras un obstáculo que te impide seguir adelante observa atentamente la situación e intenta diferenciar si se trata de una dificultad como atravesar un río o si en cambio es una contradicción interna y pretendes que el agua retroceda. Si es ésta última será mejor que aclares tu pensamiento y recuerdes el rumbo de tu búsqueda no sea cosa que el río te cubra.

Pero si es sólo un problema dale la bienvenida porque sin problema no hay solución.

Después fabrica puentes, canoas, aprende a nadar, busca el modo de superar ese nudo sabiendo que en el proceso de superarlo está la enseñanza. Observa también si el conflicto se da por una situación del camino o si en cambio se establece con otra persona.

Al ver en alguien un obstáculo para tu marcha estás juzgando al otro estás viendo un reflejo de ti mismo que se opone a tu intención de marchar. Este tipo de conflicto con los demás alimenta tu ego y al dividir a las personas entre quienes odias o amas solo te encadenas al sufrimiento.

Siempre que fuerzas la situación aumentas la dificultad y tal vez el problema que quieres resolver sea mayor que tus fuerzas. Entonces no te opongas: observa ese río que te detiene e imita el sabio fluir del agua que busca un atajo o la mínima grieta por donde filtrar. Pero si aún así no logras proseguir el camino espera con paciencia a que te lleguen más fuerzas o a que la dificultad se debilite y el río baje de nivel.

Por ley natural, todo funciona de este modo. Entonces, buscador, toma el timón de tus decisiones y avanza resuelto.

Tener coraje quiere decir actuar con el corazón: cuando aceptas que son tus pies los que se mueven y no la supuesta voluntad de lo adverso un canto se eleva dentro de ti una melodía que reconoces. Este canto, buscador, es la clave de tu búsqueda.
Marea alta, marea baja y allí nosotros en este canal en donde todo es nuevo desde cada alegría como así también cada dolor. Por más que navegamos todos los días, cuántas veces no sabemos ni para dónde vamos, ni siquiera si podemos o si estamos con nuestra barca en el camino correcto. Pero hay algo que debemos grabar en nosotros y que nos será de ayuda siempre: ¿Qué estamos haciendo aquí y ahora? Nuestro destino no es casualidad, ni tampoco nos toca en suerte porque alguien o algo así lo decidió. Nuestro destino puede ser diferente y hasta puede llegar a ser maravilloso, pero depende de nosotros. 

Si resulta que navegando y navegando, solo estamos en la plataforma esperando que nuestro barco llegue a destino y no hacemos nada, tal vez seamos testigos presénciales de un naufragio: el nuestro. En cambio si estamos allí pero decididos nuestras manos no temblaran al tomar el timón, y contra viento y marea nuestro barco hará frente a todo lo que se cruce en el camino y sabremos detenernos solo cuando necesitemos observar qué alternativa es mejor para nosotros, si seguir por ese río o tomar uno de sus brazos que puede aparentar no ser tan imponente pero que quizás encierra encantos que desconocemos todos los obstáculos que se nos presentan en este viaje están ahí para ayudarnos a crecer, a ser mejores y está en cada uno de nosotros detenernos para siempre y dejar nuestro barco a la deriva o tomar fuerte el timón de nuestro barco, de nuestra vida y avanzar.

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