
La niña llegó a la casa atrasada para la cena. Su madre intentaba calmar al padre nervioso mientras le pedía explicaciones sobre lo que había pasado. La niña respondió que había parado para ayudar a Juanita, su amiga, porque ella se había caído de la bicicleta y ésta se había roto .
"¿Y desde cuándo sabes arreglar bicicletas ?" -Preguntó la mamá- "¡Yo no sé arreglar bicicletas !" -Dijo la niña.- "Yo solo paré para ayudarla a llorar".
Sufrir la pérdida de ciertas cosas es inherente a la vida del ser humano. Muchas veces las cosas que perdemos o que se rompen en nuestras vidas son irreemplazables y ni siquiera nosotros mismos podemos repararlas. Y por lo tanto es mucho menos dable esperar que otros lo hagan.
Pero muchas veces la gente que nos quiere puede ayudarnos a soportar mejor
las consecuencias de las pérdidas.
Un palabra afectuosa, un consejo, una frase de aliento, o alguien que llore con nosotros nuestra pena puede mitigar sustancialmente el dolor.
Y lo importante es que no sea sentir lástima sino el compadecer. el sufrir un poco, junto a nosotros, nuestra pena.
Además. no necesitamos ser psicólogos, médicos, etc., para poder dar nuestro corazón y entender al otro. Seguramente quien haga esto estará en nuestro corazón coronado con el título más importante que una persona puede recibir:
El ser considerado AMIGO.
"¿Y desde cuándo sabes arreglar bicicletas ?" -Preguntó la mamá- "¡Yo no sé arreglar bicicletas !" -Dijo la niña.- "Yo solo paré para ayudarla a llorar".
Sufrir la pérdida de ciertas cosas es inherente a la vida del ser humano. Muchas veces las cosas que perdemos o que se rompen en nuestras vidas son irreemplazables y ni siquiera nosotros mismos podemos repararlas. Y por lo tanto es mucho menos dable esperar que otros lo hagan.
Pero muchas veces la gente que nos quiere puede ayudarnos a soportar mejor
las consecuencias de las pérdidas.
Un palabra afectuosa, un consejo, una frase de aliento, o alguien que llore con nosotros nuestra pena puede mitigar sustancialmente el dolor.
Y lo importante es que no sea sentir lástima sino el compadecer. el sufrir un poco, junto a nosotros, nuestra pena.
Además. no necesitamos ser psicólogos, médicos, etc., para poder dar nuestro corazón y entender al otro. Seguramente quien haga esto estará en nuestro corazón coronado con el título más importante que una persona puede recibir:
El ser considerado AMIGO.

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