viernes, 27 de junio de 2008

ALUMBRANDO A OTROS


Hace cientos de años, había un hombre en una ciudad de oriente. Un hombre que una noche caminaba por las oscuras calles llevando una lámpara de aceite encendida. La ciudad era muy oscura en las noches sin luna, como aquella. En determinado momento, se encuentra con un amigo. El amigo lo mira y de pronto lo reconoce. Se da cuenta que es Guno, el ciego del pueblo, entonces le dice: ¿Qué haces Guno, tu ciego, con una lámpara en la mano? Si tu no ves...-

Entonces el ciego le responde: -Yo no llevo la lámpara para ver mi camino. Yo conozco la oscuridad de las calles de memoria. Llevo la luz para que otros encuentren su camino cuando me vean a mí... No solo es importante la luz que uso para mí, sino también la que yo uso para que otros también puedan servirse de ella-

-¿No sabes que alumbrando el camino para otros también me beneficio yo, pues evito que me lastimen otros que no podrían verme en la oscuridad? Cada uno de nosotros puede alumbrar el camino para uno y para que sea visto por otros aunque uno no los necesite aparentemente-

¿Y que me dice esto? Alumbrar el camino para otros no es tarea fácil, muchas veces en vez de alumbrar oscurecemos mucho más el camino de los demás.

¿Cómo? A través del desaliento, la crítica, el desamor, el odio y el resentimiento... Que hermoso sería si todos ilumináramos los caminos de los demás, sin fijarnos si lo necesitan o no. Llevar luz y no oscuridad. Si toda la gente encendiera una luz, el mundo estaría iluminado y brillaría día a día con mayor intensidad.

Todos pasamos por situaciones difíciles a veces, todos sentimos el peso del dolor en determinados momentos, todos sufrimos en algunos ratos y lloramos en otros. Pero no debemos proyectar nuestro dolor, cuando alguien busca desesperado busca ayuda en nosotros. No debemos de exclamar como es costumbre: “La vida es así” llenos de rencor y de odio. No debemos... al contrario, ayudemos a los demás sembrando esperanza en ese corazón herido. Nuestro dolor es, y fue muy importante, pero se minimiza si ayudamos a otros a soportarlo, si ayudamos a otos a sobrellevarlo.

Luz, demos luz. Tenemos en el alma el motor que enciende cualquier lámpara, la energía que permite iluminar en vez de oscurecer. Está en nosotros saber como usarla. Está en nosotros ser luz y no permitir que los demás vivan en las tinieblas.

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